sábado, 21 de abril de 2012

32ª Rutes del Montseny

Como más vale tarde que nunca, aunque ya hayan pasado unos días, escribiré la crónica de mi participación en la Rutes del Montseny que se hizo el pasado 15 de abril. Desde un principio estábamos apuntados a la larga, que consta de 172kms, para empezar a poner a prueba al cuerpo en estas distancias.

Como dice el refrán "en abril, aguas mil" y después de ir siguiendo el tiempo en televisión durante toda la semana de antes con espíritu esperanzador, se corroboraba, cada vez con mayor certeza, la mala previsión: alta probabilidad de precipitaciones y bajada importante de temperaturas. Por suerte, ya me había llegado el peazo impermeable de bici que había comprado en Internet. "Si llueve, estreno modelito!" pensaba yo.

En principio, el día de la marcha, amaneció claro, pero en el trayecto de aproximación a Granollers, desde el coche, habíamos visto las montañas, en las que supuestamente ibamos a rodar, espolvoreadas de blanco. Yo vestía la equipación de invierno. La ruta iba a ser muy larga y no sabía lo que podía pasar en el transcurso de la jornada. Un compañero del club decidió quedarse conmigo, mientras el resto iban a darlo todo.

El primer puerto era de 3ª categoría y, la verdad es que, no sé si fue porque iba conversando con mi compañero de fatigas, ni me enteré. Enseguida, estaba en el segundo puerto, esta vez de 1º categoría, el de Santa Fe. Decidí tomármelo con calma, ya que era largo y, además, no era el último. ¡Tampoco quería que me pillara ningun águila calzada! Cogí un ritmo constante que no me agotara y lo mantuve hasta el final.

Después de 64kms, paré en el 1r avituallamiento y me zampé con gusto una rebanada de pan con tomate y queso y una Coca-Cola. El sol no calentaba y se acercaba un amenazador nubarrón negro. Quizás por eso, en el desvío de la corta y la larga, muchos decidieron cambiar de planes y hacer la corta. Si ya estaba en la cola del pelotón, a partir de entonces, lo iba a estar más, hasta el punto de sospechar que, en cualquier momento, algún ruido de motor detrás mío sería el coche o la moto-escoba. Cada vez que me adelantaba un vehículo y comprobaba que no era de la organización sentía un cierto alivio.

Finalmente, el tercer puerto del día, era tambien de 1º categoría, el de Collformic. Yo no sé qué me había imaginado pero cuando terminé el puerto, me dió la sensación de que no era para tanto... ¿Quizás no hubiera tenido que ser tan conservadora? La verdad es que estaba bien, sin atisbo de pájara ni de cansancio extremo y ya quedaba lo mejor: la bajada y el llano. Fue aquí donde estrené el impermeable, ya que empezó a llover bastante. Además, hacía un frío del carajo, pero ya estaba terminando.

Acabé con un tiempo de 7h48min de pedaleo y muy contenta, porque tenía la sensación que podría hacer 30kms más, que serían los que me faltarían para completar la QH.

lunes, 9 de abril de 2012

Pajarón de calidad

Esta semana santa, en la que he disfrutado de unas merecidas vacaciones, he aprovechado el tiempo para salir con la "burra" y hacer los entrenos de calidad como Chema Arguedas manda: Martes tocaba series de fuerza resistencia en subida. Miercoles, intensidad aeróbica y viernes, series de potencia en llano.

El fin de semana lo reservábamos más para el disfrute y para ir añadiendo puertos en nuestro haber. Así pues, sábado nos dirigimos en coche a La Pobla de Segur, para subir el Port de Perves (1334,9m) y el Viu de Llevata (1229,8m). Al empezar la primera ascensión, ya empecé a notar que no tiraba como de costumbre. Me había exprimido tanto con la calidad que parecía que me pasaba factura. Mis piernas no daban más y me costaba un montón subir las pulsaciones. Afortunadamente, los puertos no eran muy largos ni con grandes desniveles. Así pues, a una media muy modosita, se pudo hacer sin problemas.

Al día siguiente, domingo, nos esperaba la ruta guapa de verdad. Habíamos quedado con nuestro compañero de fatigas más fiel del club, Juan A. Cáceres, en su camping de La Seu d'Urgell para marcarnos un buen recorrido. Llegamos más que puntuales y, nada más iniciar la ruta, empezamos a subir en dirección al Coll de la Trava. De nuevo, tuve esa sensación extraña de no rendir en el pedaleo. El día se auguraba largo, pero la tranquila carretera, rodeada de cimas cubiertas de un manto blanco por las recientes nevadas, merecía la pena. Había que disfrutar ese paisaje.

Una vez coronado el puerto, tocaba descender para dirigirnos a la segundo puerto del día: el Port del Compte. Miguel, mi pareja, que había entrenado conmigo, sabía que iba un poco tocada y por eso, propuso dejar esta parte de la ruta para otro día. La alternativa era subir de nuevo el Coll de la Trava así que, puestos a subir, decidimos tirar para alante. Al poco rato, divisamos en el cielo un àguila calzada que planeaba majestuosa sobre nuestras cabezas. Todavía no lo sabíamos, pero el vuelo de aquella ave rapaz era una señal.

Llegamos arriba del puerto, o al menos, eso creímos en un principio. Ya nos extrañó el hecho que en el cartel no ponía Port del Compte sino Coll del Port. Tampoco estábamos a 1715 metros como teníamos previsto sino a 1650. Pensamos que podía ser el margen de error del programa utilizado para planificar la ruta y no le dimos más vueltas al asunto, hasta que, al rato de estar bajando, nos encontramos con un desvío que nos indicaba que para el Port del Compte había que subir otra vez. ¡Qué ilusión!

Finalmente, llegamos arriba y nos hacemos las fotos de rigor. Por fin, ya solo quedaban unos 30kms de bajada y despues unos 25kms en suave ascensión desde la carretera principal hasta el camping. Pero resulta que los 30kms de bajada no llegaban nunca. Bajábamos un poco, subíamos un repechón, bajábamos otro poco, volvíamos a subir... En cada repecho, me quedo atrás. Decido parar y comer una barrita energética. Son las dos del mediodía y aún nos queda bastante para llegar. Esto se está poniendo feo...

A 38kms del final, la carretera vuelve a ascender, pero esta vez, no se ve el final de la subida. ¡Pero esto qué es! ¿Otro puerto? Aquí es cuando me posee el àguila calzada. Tengo que bajar de la bici, coger aire y relajarme ya que, mentalmente, no estaba preparada para otra subida larga. Despues de esta paso, vendrían, por fin, 10kms seguidos de bajada que me supieron a gloria y enlazamos con la carretera principal. Teníamos viento en contra y por eso, decidimos ir en fila india.

A las 17.30h, llegamos a nuestro destino, muy cansados pero satisfechos por haberlo conseguido y haber descubierto una ruta preciosa. Además, nos esperaba una buena barbacoa para reponer fuerzas en buena compañía. Semana completada con éxito total.