
Es difícil explicar con palabras tantas emociones vividas estos últimos días. Después de haber planificado mi entrenamiento basándome en mi participación en el Soplao, de repente, todo esto se volvió secundario. La vida me mostró su cara más amarga cuando mi abuela falleció, hace ahora una semana. Esta triste pérdida, marcará mi vida para siempre, pero, al mismo tiempo, me enseñó algo muy importante, y es que hay cosas que no podemos evitar y, por eso, debemos vivir la vida intensamente, minuto a minuto, segundo a segundo...
Terminaba la semana y yo ya no podía hacer nada más, así que, aún con la moral muy tocada, decidimos asistir igualmente a la cursa de Los 10000 del Soplao. El viaje fue acompañado por un largo, necesario y respetado silencio, mientras agarraba con fuerza la foto de mi abuela, que había decidido que llevaría conmigo el día de la cursa. "Iaia, la força que tu has deixat, la he agafat jo!" En mi vida había estado tan segura de que este año terminaría los 165kms de esta cursa.
Una vez más, miles de bikers, nos reunimos en Cabezón de la Sal... Un ambiente especial e indescriptible invade las calles del pueblo repleto de miradas de incertidumbre e ilusión. Se respira el nerviosismo, y la expectación pone a más de uno la piel de gallina. Suena ACDC y empieza el infierno cántabro.
Los primeros kilómetros pasan entre conversaciones y se hacen muy amenos. Pronto, llegan las primeras rampas que hay que hacerlas andando debido a la enorme cantidad de bikers. De todas formas, dudo que se pudieran hacer en lo alto de la bici, ya que el desnivel es pronunciadísimo y el camino muy pedregoso.
Pasan las horas y las caras sonrientes poco a poco se van transformando. Yo voy controlando las pulsaciones porque sé que debo regularme en todo momento. Pero aún así, el cansancio va haciendo mella y, por primera vez, me empiezan a asaltar las dudas.
Llego al kilómetro 90, después de la bajada del primer Moral. Este fue el punto donde lo dejé el año pasado. No quiero pararme demasiado. Faltan tres kilómetros para el avituallamiento de Bárcena Mayor. Una vez allí, intento animarme: Ya he hecho más que el año anterior. Pero todavia queda la subida a Cruz de Fuentes, Palombera, Venta Vieja y otra vez El Moral. A mitad de la siguiente ascensión aparece la lluvia... Lo que faltaba!
Finalmente, llego a Cruz de Fuentes. La lluvia ha parado y ahora toca bajar un poco. El cansancio empieza a transformarse en dolor... que noto mucho más cuando bajo. Cada piedra, cada rebote que hace el manillar me retumba en la cabeza. Tengo los brazos doloridos y las manos medio agarrotadas... Empiezo a resentirme también de las rodillas y el trasero hace rato que tiene forma de sillín! Vamos, que estoy hecha un “cuadro”! Pero sigo, subo lo que haga falta, y más, y más...
Después de un gran esfuerzo, me encuentro de nuevo en la parada de asistencia técnica que hay antes de subir El Moral por segunda vez. Vamos bien de tiempo! Teníamos calculado que llegaríamos justo a las 9, antes de que cerraran el control de paso y son las 8. Y es la última subida! Eso ya está hecho! Vuelven a esfumarse mi dudas y empiezo a subir con una perspectiva totalmente diferente a la de antes.
A pesar de todo, el puerto se eterniza y los últimos kilómetros se hacen agónicos. Estoy agotada, me duele todo el cuerpo y el estómago empieza a recordarme que no está acostumbrado a tirarse todo el día comiendo barritas y plátanos. Voy a 4 por hora al lado de los que van andando, pero algo me dice que no debo bajar de la bici bajo ningún concepto. Mientras pueda pedalear, lo haré! Sin duda, este fue el tramo más duro para mi. Por eso, cuando diviso el final del puerto, me pongo a llorar! Ahora sí, que lo he conseguido!!!
Disfruto de los ultimos 20 kilómetros de bajada. El paisaje que nos ha acompañado todo el día es precioso. Finalmente, el pueblo y la gente gritando, aplaudiendo y animando... Ya han entrado más de 2000 personas y siguen incansables: me reciben como si fuera la primera. Saco la foto de mi abuela que tenía guardada y la alzó con la mano derecha, con la izquierda me tapo los ojos porque estoy llorando... Mi pareja me abraza: •Estoy orgulloso de ti”. Y una señora que nos mira se pone a llorar también!
Son las 22:20 de la noche. Mi cuenta marca 12h50minutos de pedaleo.
“Iaia, sé que m'has companyat tot el camí i ja estic aquí! Gràcies, iaia”
Es difícil explicar con palabras tantas emociones vividas estos últimos días...