Esta semana santa, en la que he disfrutado de unas merecidas vacaciones, he aprovechado el tiempo para salir con la "burra" y hacer los entrenos de calidad como Chema Arguedas manda: Martes tocaba series de fuerza resistencia en subida. Miercoles, intensidad aeróbica y viernes, series de potencia en llano.El fin de semana lo reservábamos más para el disfrute y para ir añadiendo puertos en nuestro haber. Así pues, sábado nos dirigimos en coche a La Pobla de Segur, para subir el Port de Perves (1334,9m) y el Viu de Llevata (1229,8m). Al empezar la primera ascensión, ya empecé a notar que no tiraba como de costumbre. Me había exprimido tanto con la calidad que parecía que me pasaba factura. Mis piernas no daban más y me costaba un montón subir las pulsaciones. Afortunadamente, los puertos no eran muy largos ni con grandes desniveles. Así pues, a una media muy modosita, se pudo hacer sin problemas.
Al día siguiente, domingo, nos esperaba la ruta guapa de verdad. Habíamos quedado con nuestro compañero de fatigas más fiel del club, Juan A. Cáceres, en su camping de La Seu d'Urgell para marcarnos un buen recorrido. Llegamos más que puntuales y, nada más iniciar la ruta, empezamos a subir en dirección al Coll de la Trava. De nuevo, tuve esa sensación extraña de no rendir en el pedaleo. El día se auguraba largo, pero la tranquila carretera, rodeada de cimas cubiertas de un manto blanco por las recientes nevadas, merecía la pena. Había que disfrutar ese paisaje.
Una vez coronado el puerto, tocaba descender para dirigirnos a la segundo puerto del día: el Port del Compte. Miguel, mi pareja, que había entrenado conmigo, sabía que iba un poco tocada y por eso, propuso dejar esta parte de la ruta para otro día. La alternativa era subir de nuevo el Coll de la Trava así que, puestos a subir, decidimos tirar para alante. Al poco rato, divisamos en el cielo un àguila calzada que planeaba majestuosa sobre nuestras cabezas. Todavía no lo sabíamos, pero el vuelo de aquella ave rapaz era una señal.
Llegamos arriba del puerto, o al menos, eso creímos en un principio. Ya nos extrañó el hecho que en el cartel no ponía Port del Compte sino Coll del Port. Tampoco estábamos a 1715 metros como teníamos previsto sino a 1650. Pensamos que podía ser el margen de error del programa utilizado para planificar la ruta y no le dimos más vueltas al asunto, hasta que, al rato de estar bajando, nos encontramos con un desvío que nos indicaba que para el Port del Compte había que subir otra vez. ¡Qué ilusión!
Finalmente, llegamos arriba y nos hacemos las fotos de rigor. Por fin, ya solo quedaban unos 30kms de bajada y despues unos 25kms en suave ascensión desde la carretera principal hasta el camping. Pero resulta que los 30kms de bajada no llegaban nunca. Bajábamos un poco, subíamos un repechón, bajábamos otro poco, volvíamos a subir... En cada repecho, me quedo atrás. Decido parar y comer una barrita energética. Son las dos del mediodía y aún nos queda bastante para llegar. Esto se está poniendo feo...
A 38kms del final, la carretera vuelve a ascender, pero esta vez, no se ve el final de la subida. ¡Pero esto qué es! ¿Otro puerto? Aquí es cuando me posee el àguila calzada. Tengo que bajar de la bici, coger aire y relajarme ya que, mentalmente, no estaba preparada para otra subida larga. Despues de esta paso, vendrían, por fin, 10kms seguidos de bajada que me supieron a gloria y enlazamos con la carretera principal. Teníamos viento en contra y por eso, decidimos ir en fila india.
A las 17.30h, llegamos a nuestro destino, muy cansados pero satisfechos por haberlo conseguido y haber descubierto una ruta preciosa. Además, nos esperaba una buena barbacoa para reponer fuerzas en buena compañía. Semana completada con éxito total.
Una vez coronado el puerto, tocaba descender para dirigirnos a la segundo puerto del día: el Port del Compte. Miguel, mi pareja, que había entrenado conmigo, sabía que iba un poco tocada y por eso, propuso dejar esta parte de la ruta para otro día. La alternativa era subir de nuevo el Coll de la Trava así que, puestos a subir, decidimos tirar para alante. Al poco rato, divisamos en el cielo un àguila calzada que planeaba majestuosa sobre nuestras cabezas. Todavía no lo sabíamos, pero el vuelo de aquella ave rapaz era una señal.
Llegamos arriba del puerto, o al menos, eso creímos en un principio. Ya nos extrañó el hecho que en el cartel no ponía Port del Compte sino Coll del Port. Tampoco estábamos a 1715 metros como teníamos previsto sino a 1650. Pensamos que podía ser el margen de error del programa utilizado para planificar la ruta y no le dimos más vueltas al asunto, hasta que, al rato de estar bajando, nos encontramos con un desvío que nos indicaba que para el Port del Compte había que subir otra vez. ¡Qué ilusión!
Finalmente, llegamos arriba y nos hacemos las fotos de rigor. Por fin, ya solo quedaban unos 30kms de bajada y despues unos 25kms en suave ascensión desde la carretera principal hasta el camping. Pero resulta que los 30kms de bajada no llegaban nunca. Bajábamos un poco, subíamos un repechón, bajábamos otro poco, volvíamos a subir... En cada repecho, me quedo atrás. Decido parar y comer una barrita energética. Son las dos del mediodía y aún nos queda bastante para llegar. Esto se está poniendo feo...
A 38kms del final, la carretera vuelve a ascender, pero esta vez, no se ve el final de la subida. ¡Pero esto qué es! ¿Otro puerto? Aquí es cuando me posee el àguila calzada. Tengo que bajar de la bici, coger aire y relajarme ya que, mentalmente, no estaba preparada para otra subida larga. Despues de esta paso, vendrían, por fin, 10kms seguidos de bajada que me supieron a gloria y enlazamos con la carretera principal. Teníamos viento en contra y por eso, decidimos ir en fila india.
A las 17.30h, llegamos a nuestro destino, muy cansados pero satisfechos por haberlo conseguido y haber descubierto una ruta preciosa. Además, nos esperaba una buena barbacoa para reponer fuerzas en buena compañía. Semana completada con éxito total.





