Como en todo, después de una meta va otra y, cuando se trata de deporte, esa siguiente meta no puede ser igual a la anterior. Tiene que ser más difícil, más costosa de conseguir, una prueba más dura, con más desnivel, más kilómetros... Ese es el elemento clave, y el más motivador, porque exige que te superes a ti mism@.
Así que, de forma un poco inconsciente, y empujada también por Nuria que también participaba, me apunté a la Triatlón de la Vila de Barcelona, en distancia Sprint. La prueba consiste en nadar 750m en el mar, pedalear 20kms y correr otros 5 kms. Por razones obvias, pedalear no sería un problema para mi. Las dificultades que me desafiaban eran otras. En primer lugar, estaba la combinación de distintos deportes, que son completamente antagónicos, y el no saber cómo reaccionaría mi cuerpo. En segundo lugar, me centraría en correr después de la QH. Solo tenía un mes; demasiado poco tiempo. En tercer lugar, lo más relevante, nunca me había tomado la natación en serio.
Así que, hará algo menos de 3 meses, me metí en una piscina: hice un largo, 25 metros a crol, y tuve que parar a respirar. Para entonces, ya me había apuntado a la triatlón... A menudo, la bromas en las salidas domingueras del club al explicarles mis preocupaciones giraban entorno a que sobretodo no me olvidara los manguitos y la burbujita rosa.
Por suerte, cuando uno no sabe, la natación es muy agradecida porque, en seguida, notas la mejoría. Pronto conseguí hacer las 30 piscinas seguidas de crol, lo que eran 750 metros. Creía que todo iba bien y, por eso, intenté hacer el paso siguiente: meterme en el agua del mar. Un día sola, y otro día con Nuria y su amiga Yolanda. Allí volvieron todos mis temores ya que el entorno, el oleaje, la orientación són completamente distintos y todavía no estaba preparada. Eso fue lo que me llevó a apuntarme a un curso intensivo de natación que empezaba en julio. Mi objetivo, como siempre, era realista: probar una experiencia nueva, no ahogarme en el mar y acabarla.
Llegó el gran dia. Todo estaba listo. El mar parecía calmado, pero la boya amarilla a la que había que llegar estaba en el quinto pino. Salía en el tercer turno, así que pude observar la primera salida. ¡Era impresionante! Dentro de nada, estaría yo allí dentro. Casi no me lo creía. Durante el segundo turno, decidí meterme en el agua para aclimatarme y hacer unas cuantas brazadas. En seguida, llegó nuestro turno. Me habían aconsejado que, para no sufrir manotazos o patadas dentro del agua, me pusiera en la cola y a un lado, y así lo hice. Lo más importante es que, contra todo pronóstico, no estaba nerviosa!
Suena el trompetazo: ¡todos al agua! De repente, el agua se vuelve blanca: Es la espuma de todos los brazos y piernas que la golpean con fuerza. Cojo mi ritmo, que va a ser muy tranquilo durante todo el tiempo. Me cuesta un buen rato llegar a la dichosa boya. A medida que nos vamos acercando, el oleaje es mayor. Me mareo cuando tengo la cabeza dentro del agua y decido nadar con la cabeza fuera para no desorientarme. Me siento segura, rodeada de barcas y gente. Un nadador me pregunta si estoy bien dos veces. Ya sé que no soy un ejemplo de técnica nadadora, pero ¿tan mal se me ve? Le contesto y le aseguro que estoy bien. Pero a mi lado, una chica se agobia y se dirige a la barca para que la saquen. "Que esto no te influya, tu sigue nadando como puedas y ya está". Me marco un objetivo cercano, la siguiente piragua y luego otro y así, poco a poco, voy avanzando.. Me alcanzan los nadadores del casco verde, han salido 10 minutos más tarde que yo. No desisto. Cada vez estoy más cerca y, por fin, toco arena! Qué alegría tan grande! He estado 44 minutos en el agua. Se me ha hecho eterno, pero luego me enteraré de que la distancia se había alargado a 1150metros, no sé bien bien porqué, con lo que tiene todavía más mérito.
Salgo algo mareada, pero me repongo en la transición y hago la bici lo más rápido posible. Acabo en menos de 32 minutos y ya solo queda correr. Segunda transición. El primer tramo de correr se hace pesado ya que tienes la sensación de que las piernas no tiran como quieres. Tardé 28 minutos.
Finalmente, cruzé la linia de meta muy contenta por acabar mi primera triatlón. Mis padres y mi pareja habían venido a verme y me habían animado muy efusivamente cada vez que me veían. Nada más verlos, les abrazé muy emocionada! Había conseguido algo que jamás hubiera imaginado y estaba pletórica de alegría.






