domingo, 12 de agosto de 2012

Preparando las alforjas: Alpes +2000

Ya estamos de vacaciones, que falta nos hacían! Después de la QH y el triatlón, el bajón deportivo ha sido importante, pero es lo que pedían cuerpo y, sobretodo, mente... Total, en pocos días nos vamos a hartar de bici otra vez... A pesar de todo, se trata de otro rollo, nada competitivo y basado en la experiencia de un viaje, como hacemos cada año desde hace siete. 

Cada vez, nos resulta más difícil elegir el destino y proponernos algo que nos atraiga lo suficiente como para tirarte sufriendo en bici dos semanas. Y es que pedalear por pedalear es tontería! Ya que vas, que sea para ver algo chulo y que no conozcamos todavía...

Hace dos veranos, hicimos la "Route des Grandes Alpes" desde Ginebra a Niza y quedamos prendados de esas montañas. Como vimos una mínima parte de Los Alpes, en su vertiente francesa, hemos decidido volver para conocer otras de sus facetas. La diferencia es que este año no seguimos una ruta marcada, si no que la hemos calculado nosotros creando nuestra propia y personalizada ruta, en la que hemos incluido un montón de puertos míticos. Salimos, pues, desde la capital croata, Zagreb, para terminar en Ginebra, aprovechando para visitar a mi familia allí. Así cruzaremos los Alpes eslovenos, italianos y suizos, desconocidos para nosotros.

Como siempre, me gusta bautizar mis viajes. Este se caracteriza por el desnivel acumulado de las etapas previstas: más de la mitad supera los 2000 metros. Además, si el tiempo nos deja, la idea es hacer el máximo número de puertos de más de 2000 metros de altura posibles, repartidos en 16 etapas de pedaleo. Así que no podemos llamarle de otra forma que "Alpes +2000

Ya tenemos todo listo para partir: la guía de viaje preparada, los mapas, las alforjas, el botiquín, la ropa, la tienda de campaña, los sacos de dormir, las esterillas y un largo etc., que a pesar de ser lo mínimo posible, harán que llevemos encima una carga de más de 20kg, cosa que, inevitablemente, dificultará nuestras ascensiones. Por eso, no se trata de ir rápido, sino de disfrutar del paisaje que nos rodee.

La idea es, como el año pasado, ir escribiendo alguna crónica durante el viaje. Todo depende de si encontramos zonas con wifi y disponemos del tiempo y las ganas suficientes; pero esa es la intención, que es lo que cuenta. Así pues, hasta la próxima crónica, que espero que sea desde las alturas!


miércoles, 25 de julio de 2012

Triatló de la Vila 2012

Como en todo, después de una meta va otra y, cuando se trata de deporte, esa siguiente meta no puede ser igual a la anterior. Tiene que ser más difícil, más costosa de conseguir, una prueba más dura, con más desnivel, más kilómetros... Ese es el elemento clave, y el más motivador, porque exige que te superes a ti mism@. 

Así que, de forma un poco inconsciente, y empujada también por Nuria que también participaba, me apunté a la Triatlón de la Vila de Barcelona, en distancia Sprint. La prueba consiste en nadar 750m en el mar, pedalear 20kms y correr otros 5 kms. Por razones obvias, pedalear no sería un problema para mi. Las dificultades que me desafiaban eran otras. En primer lugar, estaba la combinación de distintos deportes, que son completamente antagónicos, y el no saber cómo reaccionaría mi cuerpo. En segundo lugar, me centraría en correr después de la QH. Solo tenía un mes; demasiado poco tiempo. En tercer lugar, lo más relevante, nunca me había tomado la natación en serio.

Así que, hará algo menos de 3 meses, me metí en una piscina: hice un largo, 25 metros a crol, y tuve que parar a respirar. Para entonces, ya me había apuntado a la triatlón... A menudo, la bromas en las salidas domingueras del club al explicarles mis preocupaciones giraban entorno a que sobretodo no me olvidara los manguitos y la burbujita rosa.

Por suerte, cuando uno no sabe, la natación es muy agradecida porque, en seguida, notas la mejoría. Pronto conseguí hacer las 30 piscinas seguidas de crol, lo que eran 750 metros. Creía que todo iba bien y, por eso, intenté hacer el paso siguiente: meterme en el agua del mar. Un día sola, y otro día con Nuria y su amiga Yolanda. Allí volvieron todos mis temores ya que el entorno, el oleaje, la orientación són completamente distintos y todavía no estaba preparada. Eso fue lo que me llevó a apuntarme a un curso intensivo de natación que empezaba en julio. Mi objetivo, como siempre, era realista: probar una experiencia nueva, no ahogarme en el mar y acabarla.

Llegó el gran dia. Todo estaba listo. El mar parecía calmado, pero la boya amarilla a la que había que llegar estaba en el quinto pino. Salía en el tercer turno, así que pude observar la primera salida. ¡Era impresionante! Dentro de nada, estaría yo allí dentro. Casi no me lo creía. Durante el segundo turno, decidí meterme en el agua para aclimatarme y hacer unas cuantas brazadas. En seguida, llegó nuestro turno. Me habían aconsejado que, para no sufrir manotazos o patadas dentro del agua, me pusiera en la cola y a un lado, y así lo hice. Lo más importante es que, contra todo pronóstico, no estaba nerviosa! 

Suena el trompetazo: ¡todos al agua! De repente, el agua se vuelve blanca: Es la espuma de todos los brazos y piernas que la golpean con fuerza. Cojo mi ritmo, que va a ser muy tranquilo durante todo el tiempo. Me cuesta un buen rato llegar a la dichosa boya. A medida que nos vamos acercando, el oleaje es mayor. Me mareo cuando tengo la cabeza dentro del agua y decido nadar con la cabeza fuera para no desorientarme. Me siento segura, rodeada de barcas y gente. Un nadador me pregunta si estoy bien dos veces. Ya sé que no soy un ejemplo de técnica nadadora, pero ¿tan mal se me ve? Le contesto y le aseguro que estoy bien.  Pero a mi lado, una chica se agobia y se dirige a la barca para que la saquen. "Que esto no te influya, tu sigue nadando como puedas y ya está". Me marco un objetivo cercano, la siguiente piragua y luego otro y así, poco a poco, voy avanzando.. Me alcanzan los nadadores del casco verde, han salido 10 minutos más tarde que yo. No desisto. Cada vez estoy más cerca y, por fin, toco arena! Qué alegría tan grande! He estado 44 minutos en el agua. Se me ha hecho eterno, pero luego me enteraré de que la distancia se había alargado a 1150metros, no sé bien bien porqué, con lo que tiene todavía más mérito. 

Salgo algo mareada, pero me repongo en la transición y hago la bici lo más rápido posible. Acabo en menos de 32 minutos y ya solo queda correr. Segunda transición. El primer tramo de correr se hace pesado ya que tienes la sensación de que las piernas no tiran como quieres. Tardé 28 minutos. 

Finalmente, cruzé la linia de meta muy contenta por acabar mi primera triatlón. Mis padres y mi pareja habían venido a verme y me habían animado muy efusivamente cada vez que me veían. Nada más verlos, les abrazé muy emocionada! Había conseguido algo que jamás hubiera imaginado y estaba pletórica de alegría.

lunes, 25 de junio de 2012

Quebrantahuesos 2012.

Todo llega y todo pasa... Y una vez pasado, parece que en seguida pierde su valor. Se esfuma como el humo de un cigarro. Por eso, si algún día, cuando sea muy muy muy vieja, pierdo un poco la memoria, tengo este blog. Me gustaría que alguien me lo leyera y me dijera: Mira, esto lo escribiste tu misma hace muchos años. Es lo que tu hiciste, es lo que tu viviste, es lo que tu llegaste a conseguir...

Han pasado dos días desde mi participación en la QH y no quiero que se pierda todo el camino que he recorrido para llegar al dia 23 de junio del 2012. Ha sido un año muy duro de entreno: He hecho en total unos 7600kms y ha habido de todo. Ha habido días buenos, de compartir rueda con otros compañeros del club con el mismo objetivo, ilusión y risas... Pero también ha habido días de frío, lluvia, viento... Ha habido cansancio, dolor, sudor y lágrimas... Momentos de desgana, agobio, soledad y de sentirme incomprendida... Ha habido tantas cosas, que no quiero que queden en el olvido...

Llega el gran día. Somos 6 personas del club que vamos a la marcha. Nos levantamos muy pronto y desayunamos. Pero con tanta gente pasó lo que era de esperar: entre uno que tenía que ir al baño, otro llenar los bidones y otros pequeños imprevistos de última hora, acabamos saliendo muy justos de tiempo. Los nervios se respiran en el ambiente.

Estamos alojados en una encantadora casa rural a 8kms de Sabiñánigo. Salimos pitando y acabamos aparcando en el primer descampado que encontramos. Despues comprobaríamos que habíamos dejado el coche a 4kms de la salida. Por fin, llegamos y nos colocamos casí al final de la cola. Al poco rato, escuchamos el petardo que da la salida. Me impresionan los helicópteros sobrevolando el pueblo... Como el pelotón no se mueve, empezamos a relajarnos y nos hacemos alguna fotillo para inmortalizar el momento. Creo que tardamos unos 20 minutos en pasar por la línia de salida más o menos.

Mi marido y yo nos deseamos suerte y, en seguida, se adelanta y lo pierdo de vista. Tiene una ilusión loca por ponerse a prueba y hacer tiempo. Sé que el día será largo y, por eso, intento estar al lado de dos de mis compañeros del club el máximo tiempo posible. Permanezco con ellos unos 40kms, pero tengo que hacer una parada por necesidad "imperativa" del Sr. Roca y no quiero que se me espere. Voy bien, hay mucha gente y no estaré sola.

El primer puerto lo subo de forma muy conservadora, porque me quedan tres más. En todas partes hay gente animando, aplaudiendo y gritando. Parece que estoy en el Tour. Corono el Somport sin problemas. Ahora toca bajar. Me paro a ponerme las mangas y me alegro de haber cogido el paraviento, que había dudado en coger, más que nada, porque entre la bomba de inflar, las tropecientas barritas energéticas, los geles y frutos secos que llevaba, parecía que me iban a reventar los bolsillos de atrás. Preferí quitar barritas, pensando que habia habituallamientos, a cambio del paravientos. Y qué gran acierto! Total, que me lo puse todo y me fue perfecto. Y es que fue pasar la frontera y cambiar el clima. Como en los cuentos de hadas y duendes que viven en bosques encantados, de repente, quedé sumergida en una niebla humeda y fría. Como algunos ya sabeis, el mal tiempo me suele desmoralizar, pero esta vez, fue diferente, porque... no sé porqué... pero estaba convencida que en el Portalet haría sol.

El Marie Blanque es el segundo puerto a superar. Era mi mayor desafío ya que el piñón más grande que llevo es un 26 y no había hecho caso a los consejos de que me pusiera un 28 para afrontar las duras rampas de los últimos 4 kilómetros de este puerto. Durante la temporada, había hecho con el club el Tagamanent con el 26: sufriendo mucho, pero sin poner el pie en el suelo. Pensé que si había podido con el Tagamanent, podría con el Marie Blanque y así fue. Lo que hace la mente! Arriba en el puerto, otra vez la gente animando; sobretodo los vascos, que se desviven cuando me ven. Oigo gritos de "Tu sí que vales!", "Aupa neska!", "Tira parriba que vas muy bien!" e inconscientemente acelero el ritmo y paso por el control.

Ya voy por el tercer puerto: el Portalet. Voy distraida con los demás ciclistas, la gente que nos mira, el coche de asistencia mecánica, los quads, la moto con el cámara!!! Menuda organización! No me agobia estar sola. Al contrario, voy genial, porque voy a mi ritmo, y sé que así la voy a terminar dignamente. Y lo mejor de todo, tal y como había predecido, sale el sol! Los primeros kilómetros tienen desniveles muy llevaderos: el 2%, el 3%, el 5%... Sé que es un puerto muy largo y que más adelante se complicará la cosa y ya me voy mentalizando. Paro en el habituallamiento de mitad del puerto y me cojo un plátano de reserva por si las moscas... A falta de 4 kms de coronar ,el desnivel ya ha subido a un 9% y se nota. Es hora de comerse el plátano y sacar casta. Ya casi lo tengo!

Cruzo frontera y envió un mensaje a mi marido para decirle dónde estoy, que todo marcha bien y que le quiero. Luego me entero de que él lo leyó estando ya en la meta, que estaba preocupado y que esas poquitas palabras le hicieron emocionarse. Qué bonito! Solo me queda Hoz de Jaca. Son dos kms de nada, pienso, lo único que llevo 178kms ens las piernas... Para no decaer, porque ya me noto algo cansada y no quería conocer al Quebrantahuesos en persona, me tomo un gel que me va de perlas. Arriba más vascos animando que hasta me hacen la ola! Ahora sí que lo tengo!

El último tramo lo hice a lo màximo que pude. Ya tenía ganas de llegar y, gracias a otro ciclista, que me adelanta, me recoge, me hace de libre, nos juntamos con una buena grupeta que tira rápido, en la que hay dos chicas más. Al final, el orgullo puede más, pasa un ciclista  a nuestro lado "tooloco". Me marco un sprint de los guapos y dejo la grupeta atrás. Ahí queda eso! Cuando llego, llevan rato todos mis compis del club y mi marido que me recibe con un abrazo. Por cierto, han hecho todos unos tiempazos que dan miedo. Voy a comer y, mientras, Miguel me va a buscar el diploma y la medalla. Todavía no sé qué tiempo he hecho...

La gran sorpresa viene entonces: no sólo he terminado bien, sino que he conseguido plata!!! Ahora me doy cuenta que todo el esfuerzo ha valido la pena.


jueves, 24 de mayo de 2012

Soplao 2012: No pudo ser

Cuando vas al Soplao por tercera vez, ya sabes a lo que vas. Nosotros, como entreno, el fin de semana anterior lo tuvimos completito. El sábado habíamos organizado una pequeña cronoescalada con los compañeros del club, como excusa perfecta para ir a desayunar y, de alguna manera, encontrar un punto de unión entre los que, normalmente, salimos en carretera y los de montaña. La mañana pasó de forma amena y divertida.

Al día siguiente, habíamos decidido hacer una ruta larga por montaña. Consistía en ir desde Sant Feliu de Llobregat hasta el Turó de l’Home y, luego, bajar a Sant Celoni, donde se había dejado estratégicamente una furgoneta, que nos llevaría de vuelta a casa. Salían casi 140 kilómetros con 4000 metros de desnivel positivo.

Como el día se preveía largo, empezamos la ruta muy temprano. La temperatura era perfecta para el pedaleo, ni mucho frío ni mucho calor. Fuimos haciendo paradas técnicas durante la ruta: para comer y estirar piernas. Poco a poco, fueron pasando los kilómetros... Pero, a medida que pasaban las horas, podíamos comprobar que las nubes iban ganándole terreno al sol. Aun así, ni se nos pasó por la mente el dejar de dar pedales… ¡Ya casi estábamos! A seis kilómetros de coronar, una niebla intensa nos impedía ver más allá de dos metros y la piel quedó cubierta de gotitas de agua por la humedad. Por fin, llegamos arriba.

Los que habían coronado primero, pudieron hacerse algunas fotos para inmortalizar el momento, pero yo no estuve a tiempo… Tampoco me preocupaba eso, ya que habían bajado en picado las temperaturas, empezaba a llover y mi “superchubasquero” lo tenía en casa. Lo único que podía pensar en ese momento es que había que llegar a Sant Celoni lo antes posible.

Al poco de empezar el descenso por carretera, comenzó una rabiosa tormenta, con granizo, rayos y truenos incluidos. Con lo friolera que yo soy, decidí que, bajando, tenía que mover brazos y piernas para mantener el calor y así lo hice hasta que llegamos a la furgoneta. En todo el descenso no dejó de llover, así que llegué helada y calada hasta los huesos, como el resto de mis compañeros. Una vez allí, toalla y calefacción a tope, pero la tiritera tardó en irse un buen rato…

Al final, la ruta se había convertido en una auténtica odisea y, a la vez, un magnífico entrenamiento psicológico para el Soplao. Durante la semana, empezamos a seguir la previsión meteorológica de la zona, y cada día que pasaba era peor. Iba a llover fijo.

El día D, estamos en Cabezón de la Sal, en la linia de salida. Esta vez, bien equipados: con chubasquero, ropa de abrigo y ropa de recambio. Preparados para mojarnos de nuevo. Empezamos a dar pedales y nos adentramos en el camino. Ha estado lloviendo durante toda la noche y el terreno está impracticable. Demasiado barro para tan poca técnica. Tengo que bajar y patear un buen rato. Mis bambas no están preparadas para caminar en este terreno. Se hunden en el barro y, cada vez que levanto el pie, me rozan los talones. No tardo mucho en tener una llaga en ambos pies que me molesta enormemente y me impide andar más rápido. Además, tengo barro hasta en las cejas...

Cae una lluvia fina, la típica “cántabra” que no cesa y que a veces, es más intensa. Llega un momento en que el chubasquero ya no hace su función. Estoy mojada por dentro. Tengo los guantes y los calcetines empapados y la temperatura también está bajando. Los kilómetros transcurren muy lentos por el barrizal en el que estamos metidos. La gente se cae subiendo, porque les patina la rueda trasera. La cosa no pinta nada bien…

En uno de los avituallamientos, veo un coche-ambulancia que me cura los pies. Las caras de la gente que nos rodea son un auténtico cuadro. Escucho gente que pregunta como se hace para volver a Cabezón y, en ese preciso instante, decido que yo también haré lo mismo. Me retiro y, sin embargo, no tengo remordimientos como el primer año. La semana pasada ya había aprendido que con la naturaleza no se juega y que, a pesar que creamos estar muy fuertes, al mismo tiempo, podemos ser muy vulnerables…

Mi pareja decide hacer lo mismo para acompañarme, a pesar de que él soporta mucho mejor el frío. Durante el recorrido de vuelta, vemos un camión de bomberos y dos vehículos del cuerpo de rescate que van en sentido contrario al nuestro. No pasamos ni por meta, porque no tiene ningún sentido. Nos metemos en la habitación, nos duchamos y nos cambiamos. La lluvia sigue sin descanso y, ya a buen resguardo, no paramos de escuchar sirenas de ambulancias que van y vienen.

Más tarde, nos enteraríamos de que arriba, en Palombera, había una sensación térmica de -3ºC, que había granizado de lo lindo y que la organización había recortado el recorrido ya que los servicios médicos no daban abasto para atender tantas hipotermias. De nuestros compañeros del club, solo uno ha logrado la gran hazaña de terminar el recorrido completo…. Todo esto, me reafirma. He tomado la decisión correcta y, por eso, no me arrepiento. Ahora toca pensar en los próximos retos.

sábado, 21 de abril de 2012

32ª Rutes del Montseny

Como más vale tarde que nunca, aunque ya hayan pasado unos días, escribiré la crónica de mi participación en la Rutes del Montseny que se hizo el pasado 15 de abril. Desde un principio estábamos apuntados a la larga, que consta de 172kms, para empezar a poner a prueba al cuerpo en estas distancias.

Como dice el refrán "en abril, aguas mil" y después de ir siguiendo el tiempo en televisión durante toda la semana de antes con espíritu esperanzador, se corroboraba, cada vez con mayor certeza, la mala previsión: alta probabilidad de precipitaciones y bajada importante de temperaturas. Por suerte, ya me había llegado el peazo impermeable de bici que había comprado en Internet. "Si llueve, estreno modelito!" pensaba yo.

En principio, el día de la marcha, amaneció claro, pero en el trayecto de aproximación a Granollers, desde el coche, habíamos visto las montañas, en las que supuestamente ibamos a rodar, espolvoreadas de blanco. Yo vestía la equipación de invierno. La ruta iba a ser muy larga y no sabía lo que podía pasar en el transcurso de la jornada. Un compañero del club decidió quedarse conmigo, mientras el resto iban a darlo todo.

El primer puerto era de 3ª categoría y, la verdad es que, no sé si fue porque iba conversando con mi compañero de fatigas, ni me enteré. Enseguida, estaba en el segundo puerto, esta vez de 1º categoría, el de Santa Fe. Decidí tomármelo con calma, ya que era largo y, además, no era el último. ¡Tampoco quería que me pillara ningun águila calzada! Cogí un ritmo constante que no me agotara y lo mantuve hasta el final.

Después de 64kms, paré en el 1r avituallamiento y me zampé con gusto una rebanada de pan con tomate y queso y una Coca-Cola. El sol no calentaba y se acercaba un amenazador nubarrón negro. Quizás por eso, en el desvío de la corta y la larga, muchos decidieron cambiar de planes y hacer la corta. Si ya estaba en la cola del pelotón, a partir de entonces, lo iba a estar más, hasta el punto de sospechar que, en cualquier momento, algún ruido de motor detrás mío sería el coche o la moto-escoba. Cada vez que me adelantaba un vehículo y comprobaba que no era de la organización sentía un cierto alivio.

Finalmente, el tercer puerto del día, era tambien de 1º categoría, el de Collformic. Yo no sé qué me había imaginado pero cuando terminé el puerto, me dió la sensación de que no era para tanto... ¿Quizás no hubiera tenido que ser tan conservadora? La verdad es que estaba bien, sin atisbo de pájara ni de cansancio extremo y ya quedaba lo mejor: la bajada y el llano. Fue aquí donde estrené el impermeable, ya que empezó a llover bastante. Además, hacía un frío del carajo, pero ya estaba terminando.

Acabé con un tiempo de 7h48min de pedaleo y muy contenta, porque tenía la sensación que podría hacer 30kms más, que serían los que me faltarían para completar la QH.

lunes, 9 de abril de 2012

Pajarón de calidad

Esta semana santa, en la que he disfrutado de unas merecidas vacaciones, he aprovechado el tiempo para salir con la "burra" y hacer los entrenos de calidad como Chema Arguedas manda: Martes tocaba series de fuerza resistencia en subida. Miercoles, intensidad aeróbica y viernes, series de potencia en llano.

El fin de semana lo reservábamos más para el disfrute y para ir añadiendo puertos en nuestro haber. Así pues, sábado nos dirigimos en coche a La Pobla de Segur, para subir el Port de Perves (1334,9m) y el Viu de Llevata (1229,8m). Al empezar la primera ascensión, ya empecé a notar que no tiraba como de costumbre. Me había exprimido tanto con la calidad que parecía que me pasaba factura. Mis piernas no daban más y me costaba un montón subir las pulsaciones. Afortunadamente, los puertos no eran muy largos ni con grandes desniveles. Así pues, a una media muy modosita, se pudo hacer sin problemas.

Al día siguiente, domingo, nos esperaba la ruta guapa de verdad. Habíamos quedado con nuestro compañero de fatigas más fiel del club, Juan A. Cáceres, en su camping de La Seu d'Urgell para marcarnos un buen recorrido. Llegamos más que puntuales y, nada más iniciar la ruta, empezamos a subir en dirección al Coll de la Trava. De nuevo, tuve esa sensación extraña de no rendir en el pedaleo. El día se auguraba largo, pero la tranquila carretera, rodeada de cimas cubiertas de un manto blanco por las recientes nevadas, merecía la pena. Había que disfrutar ese paisaje.

Una vez coronado el puerto, tocaba descender para dirigirnos a la segundo puerto del día: el Port del Compte. Miguel, mi pareja, que había entrenado conmigo, sabía que iba un poco tocada y por eso, propuso dejar esta parte de la ruta para otro día. La alternativa era subir de nuevo el Coll de la Trava así que, puestos a subir, decidimos tirar para alante. Al poco rato, divisamos en el cielo un àguila calzada que planeaba majestuosa sobre nuestras cabezas. Todavía no lo sabíamos, pero el vuelo de aquella ave rapaz era una señal.

Llegamos arriba del puerto, o al menos, eso creímos en un principio. Ya nos extrañó el hecho que en el cartel no ponía Port del Compte sino Coll del Port. Tampoco estábamos a 1715 metros como teníamos previsto sino a 1650. Pensamos que podía ser el margen de error del programa utilizado para planificar la ruta y no le dimos más vueltas al asunto, hasta que, al rato de estar bajando, nos encontramos con un desvío que nos indicaba que para el Port del Compte había que subir otra vez. ¡Qué ilusión!

Finalmente, llegamos arriba y nos hacemos las fotos de rigor. Por fin, ya solo quedaban unos 30kms de bajada y despues unos 25kms en suave ascensión desde la carretera principal hasta el camping. Pero resulta que los 30kms de bajada no llegaban nunca. Bajábamos un poco, subíamos un repechón, bajábamos otro poco, volvíamos a subir... En cada repecho, me quedo atrás. Decido parar y comer una barrita energética. Son las dos del mediodía y aún nos queda bastante para llegar. Esto se está poniendo feo...

A 38kms del final, la carretera vuelve a ascender, pero esta vez, no se ve el final de la subida. ¡Pero esto qué es! ¿Otro puerto? Aquí es cuando me posee el àguila calzada. Tengo que bajar de la bici, coger aire y relajarme ya que, mentalmente, no estaba preparada para otra subida larga. Despues de esta paso, vendrían, por fin, 10kms seguidos de bajada que me supieron a gloria y enlazamos con la carretera principal. Teníamos viento en contra y por eso, decidimos ir en fila india.

A las 17.30h, llegamos a nuestro destino, muy cansados pero satisfechos por haberlo conseguido y haber descubierto una ruta preciosa. Además, nos esperaba una buena barbacoa para reponer fuerzas en buena compañía. Semana completada con éxito total.

martes, 27 de marzo de 2012

XXI Terres del Vi i el Cava

Entre el tute de este domingo en bici y de ayer y hoy en el cole, se puede decir que estoy planchada, así que intentaré no alargarme demasiado. El domingo participé, por segundo año consecutivo, en la Marcha Cicloturista de Terres del Vi y Cava, junto con un compañero del club.

Como tenemos ya por norma, cada uno iría a su ritmo... Así nadie se aburre, ni nadie se agobia, sino que cada uno sufre y se sacrifica en la medida de sus posibilidades y de las ganas que tenga. Yo iba dispuesta a exprimirme al máximo y, al mismo tiempo, compararme con el año pasado...

Mi primera impresión en la salida fue que: o allí había mucho "pro", o yo soy mucho más "del montón" de lo que ya me había etiquetado. Las características de esta marcha, debido al perfil y las carreteras tranquilas, dan la oportunidad de rodar muy rápido. Total, que la gente salió flechá, mientras una se preguntaba qué hacía allí. La suerte era que, al no ser la primera vez, ya estaba inmunizada y no dejé que eso me asustara demasiado. Intenté coger un ritmo que pudiera llevar.

En las dos primeras horas, había recorrido 54kms a una media de 27km/h. Pero no me podía dejar impresionar por eso, ya que sabía que la mayor parte de la subida venía después y que, irremediablemente, esa media bajaría de forma sustancial. De momento, iba bien.

Como era de prever, la velocidad fue bajando de forma inversamente proporcional a los kilómetros de subida. Por eso, decidí no mirar la media, ni el tiempo que llevaba. Solo me fijaba en el kilometraje para calcular lo que me faltaba.

Me encontré, en muchos momentos, acompañada de otras chicas que parecían estar fuertes y ser luchadoras. Acostumbrada a estar en la cola, con la gente mayor, principiantes y gente que viene a disfrutar de la bici y no sufrir tanto, el hecho de tener a tres o cuatro chicas así a mi lado, me motivaba muchísimo más.

Cuando llegué a meta, y miré el tiempo en mi cuenta, pegué un grito de alegría ante la mirada atónita de algunos curiosos: ¡Se creerá esta que ha ganado! Pues claro que no, pero había completado el recorrido de 143kms y 2004 metros de desnivel en cinco horas y media de pedaleo, con una media notablemente superior a la del año pasado y mejores sensaciones. Bufff! Menos mal! El esfuerzo merece la pena!