sábado, 28 de diciembre de 2013

Felices fiestas!!!

Un año más termina pero, como siempre, empieza otro nuevo. Como resultado de esta vida cíclica surgen nuevos sueños,  retos e ilusiones.

Y mientras esto suceda, a pesar del paso del tiempo, nuestra alma seguirá joven y llena de esperanza. 

Os deseo unas felices fiestas y  un próspero Año Nuevo 2014!!!

jueves, 10 de octubre de 2013

Dulce temporada

Volando en los Pirineos (agosto 2013)
Ha pasado mucho tiempo desde la última entrada, demasiado... A grandes rasgos, diré que este año, despues del Soplao, a diferencia de otros, y a pesar de su dureza, no me entraron ganas de tirar la bici por la ventana... Y si las hubiera tenido, tampoco hubiera podido, porque a la semana siguiente, me esperaba la Puertos de Ribagorza.

Por lo que se refiere a la Puertos de Ribagorza, fue mi primera participación y seguramente, no será la última... Ahora que termina casi la termporada, ya voy pensando en los retos 2014 y Puertos de Ribagorza tiene muchos puntos de estar en mi calendario, por su organización impecable, el recorrido, los bellos parajes y las características de la marcha. 

A continuación, en agosto, venían las vacaciones... Este año iba a ser diferente de los 7 anteriores, porque no teníamos un gran viaje en bici planificado... Sabia que echaría de menos esa sensación de aventura y libertad y, por eso, la ilusión, en un principio, no era la misma... Este año, nos llevaríamos las bicis, pero sin alforjas. El destino elegido, también cercano, pero inexplorado, era los Pirineos franceses y vascos...  

Casi sin esperarlo, sobre la marcha, empezamos a descubrir pequeñas maravillas... Así fue como conocimos el bellísimo Cirque de Gavarnier y de Troumouse (patrimonio de la UNESCO), nos sumergimos en la espesa niebla en el Aubisque y sufrimos las interminables rampas del Larrau, entre otras ascensiones que tenemos pendientes de añadir a nuestra lista de alturas particular.

Como el ciclo de la naturaleza que nos regala los diferentes tonos de colores del follaje de un árbol, el azul de las vacaciones se difuminó con pinceladas de colores tostados y ocres, dando paso a la rutina diaria de la vuelta al trabajo. Pero los retos deportivos, todavía no habían terminado aún... Así pues, habría que añadir el sacrificio de salir a rodar, despues de las, a menudo, agotadoras jornadas...

Llegó el día de la Selenika, con mucha carretera y poca montaña en las piernas... Esta era mi tercera participación... pero destacar que estas no han sido seguidas: la primera en 2006, en la que tardé casi 11 horas en terminar, la segunda en 2009, en la que estuve 8 horas y media. Esta edición era especial por su celebración del 25 aniversario de esta cursa y porque esta vez la hacía como miembro del club ciclista Sprintbike y en compañia de casi una treintena de integrantes del club. También el recorrido era unos 12 kms más largo. En esta edición, tardé 8 horas en completar el recorrido y con no muy buenas sensaciones, porque los amagos de rampa hicieron presencia en el km. 50 y, a pesar de que yo, educadamente, les invité a irse, bebiendo y comiendo plátanos a mansalva, practicamente, me acompañaron hasta el final... Menos mal que, después, hubo una merecida recompensa. Un genial plato de pasta y un helado de vainilla y chocolate nos esperaba a la llegada... Y para acabar de rematar, me tocó el casco que se sorteaba. ¿Qué más se puede pedir?

Finalmente, este domingo pasado, el último reto de la temporada: la Travessa Sant Joan Despi-Montserrat. Era mi primera participación y la afrontaba con muchas dudas. Me daba cierto temor el paso por el río por las referencias de las velocidades que se tomaban alli, y también el hecho de que terminara en subida y que las rampas allí se ve que son mundialmente conocidas y el falso mito de que es llano hasta Monistrol, y algunas pendientes que se las traen y el tramo nuevo que, al parecer, era una trialerita de las guapas... Por todo esto, tardé en apuntarme, pero al final, a las 8 de la mañana estaba en la salida... Tengo la teoría de que es mejor no saber lo que vendrà, porque a veces, las referencias, hacen que esperes algo que nunca llega... La velocidad del río, para mi fue controlada; las fuertes pendientes sí que estaban, alguno ví que se caia patras y todo, pero se hicieron andando y ya està; la trialera, otro tanto de lo mism;, y las rampas, como tuve sesión triple la semana anterior, se ve que decidieron tomarse el dia libre, porque no vinieron a visitarme. En resumen, las sensaciones fueron muy buenas esta vez y el ritmo constante y ligero. Conseguí ser la tercera fémina, algo que nunca me hubiera imaginado... Y, para no perder la costumbre, me tocaron unos calcetines!!!

Así que, como podeis comprovar, no podía terminar de una manera más dulce esta temporada.





martes, 28 de mayo de 2013

Soplao 2013: "Para vencer hay que sufrir", pero ¿tanto?


Cantabria infinita
Buscando por internet, he encontrado la siguiente definición:
Significado de "cabezota": 
Persona tozuda, terca, obstinada, que persevera manteniéndose en su respuesta o decisión; porfiando con terquedad y pertinacia, sin dejarse convencer por las razones, ruegos y amonestaciones razonables, ni por los obstáculos o dificultades que se presenten. Sinónimo: Cabezón/a.

No se me ocurre mejor manera de explicar porqué me planteo por cuarta vez presentarme a la prueba de Btt más dura que conozco: Los 10000 del Soplao que, casualidad o no, se organiza en un pequeño pueblo cántabro llamado Cabezón de la Sal.  Y más aún teniendo en cuenta que, durante la semana previa, las noticias meteorológicas eran incluso peores que las de el año anterior: lluvia, frío e incluso nieve en cotas bajas y temperaturas cercanas a cero grados. Sabíamos que si así era, no nos la ibamos a jugar, pero como la esperanza es lo último que se pierde, allá que fuimos. 

Llegamos viernes por la tarde, con tiempo suficiente de instalarnos, coger los dorsales, ir a cenar tranquilamente y dar un paseo por el pueblo para contagiarnos del ambiente único que se vive entre más de 3000 bikers. Durante el trayecto en coche, nos había diluviado, sobretodo quan atravesábamos tierras vascas, pero ahora, en Cantabria, a pesar de que el cielo estaba muy nublado, no llovía.

Dos licenciados en "Sadociclismo" preparados para sufrir
Para los que no conozcan esta prueba, decir que se trata de un evento con diferentes modalidades: la ruta a pie, la maratón, la ultramaratón, la combinada y la de btt. La de Btt consiste en 165kms por montaña y, este año, aumentaba el desnivel a 5000 metros, debido a un cambio en el recorrido que incluía una zona de trialera y el puerto de Negreo (para evitar repetir el puerto de El Moral, que en ediciones anteriores se subía 2 veces).  En total, habría que superar 5 puertos.

El sábado, puntualmente a las ocho, la bestial guitarra eléctrica de Thunderstruck retumba por las calles de todo el pueblo, dando comienzo al gran reto.

Este año,  además, mi pareja y yo habíamos decidido que cada uno iría a nuestro ritmo, cosa que suponía un desafío todavía mayor. Debía enfrentarme al infierno cántabro sin mi mejor apoyo, yo sola... Quizá por eso, tan solo unos minutos antes, en el desayuno me había sentido tan pequeña.  ¿Qué hago yo aquí? ¿Quien me mandaría meterme en este berenjenal? En silencio con los cereales, mi cara era un cuadro... Con tantas dudas, a punto estuve de volverme a la cama. Pero aunque el día había amanecido igual de nublado como el anterior, no llovía y no tenía excusa. Al menos, debía intentarlo.

El arco de salida estaba, como cada año, a rebosar de público haciendo fotos, grabando, gritando, aplaudiendo y animando. Personalmente, creo que es lo que hace esta prueba tan grande. Con la piel de gallina, Miguel y yo nos cogemos de la mano, nos deseamos suerte y, cómo no, suelto alguna lagrimilla... Ya no hay marcha atrás.

Pronto le pierdo de vista y cojo mi ritmo diesel, que esto es muy largo. Sé que voy preparada físicamente, pero la experiencia me dice que lo más importante es la mente y, por eso, decido llenarme de pensamientos positivos. Qué bien que ya ha pasado una hora y no llueve. Qué bien que ya han pasado dos. Qué bien que subo esto o aquello. Qué bien que este calzado no me provoca llagas en los pies. Qué bien que baja mi bici doble... Y así, con el qué bien va y el qué bien viene, fueron pasando las horas, los puertos y los kilómetros...

Llegamos al tramo nuevo de la trialera de Correpoco en la que tengo que poner pie a tierra y empujar la bici, que pesa un quintal, porque queda literalmente sumergida en el barro. Aún así, ya con bastante cansancio, mantengo el ánimo porque sé que solo me queda el último puerto: Negreo.

Pero las cosas se tuercen cuando después de una bajada, varios bikers señalan la siguiente montaña en la que puedo divisar en lo alto las luces de un 4x4 de la organización que sube un cuestón con dificultad... ¿Eso tenemos que subir? ¿Se han vuelto locos? Pero intento meter en mi mente el "Siempre es menos de lo que parece" y el "Ya casi lo tengo" para invertir la situación. Me convenzo de que tengo que subir como sea y espavilando porque se va a hacer de noche.

Las primeras rampas de Negreo son hormigonadas. Las hago en lo alto de la bici, pero son muy largas y casi no tienen descanso. Esta vez, para mi pesar, sí que era lo que parecía. Miro a mi alrededor y veo que la gente está pateando, así que voy a hacer lo mismo. Aprovecho el parón para sacar el móvil e informar de mi posición a Miguel, que seguro que lleva rato en meta, le digo que todo va bien y que voy a llegar. Lo que pasa es que no sabía lo que se avecinaba...

Al guardar el teléfono, compruebo que la pantalla se está mojando. Empieza a chispear... El terreno es pronunciadísimo y, en ocasiones, muy rocoso. Aquí es cuando me acuerdo de Cantabria infinita porque el jodido puerto parece que no termina nunca. Casi arriba, varios ciclistas paran a poner la luz. Yo estoy en un punto en que ya no pienso, solo copio. Así que paro yo también y me pongo la luz. La dificultad de mover las manos me indica que la temperatura ha bajado considerablemente y está anocheciendo muy rápido.

El último kilómetro del puerto ya es completamente de noche pero tiene un desnivel más tendido e, igual que el resto de compañeros que me rodean, me subo a la bici para pedalear. La lluvia cada vez es más intensa. Lo mejor de todo es que llevo el chubasquero en la mochila, pero queda tan poco... Además, si paro a ponérmelo, pierdo este grupo y pillo todavía más frío. Decido no parar. En estas, que un ciclista sin luz me dice que va conmigo porque no ve un pimiento... ¡Faltaría más! ¡Estamos todos igual, pasando las de  Caín! Por fin, parece que el puerto empieza a bajar y que la pesadilla va a terminar pronto... pero no... Aún no sé como, pero resulta que he pinchado...

Llegados a este punto, calada hasta los huesos, congelada, agotada, cayendo el diluvio universal y de noche,  como era de prever, los pensamientos positivos se me habían diluido en agua y empezaron a salir lagartos y serpientes de mi boca. Hablando en plata, me cagué en todo lo que se meneaba cien veces... Llevaba todo el kit para cambiar la cámara y también he practicado para poder ser, más o menos autosuficiente, pero no en aquellas condiciones... Reconozco que no puedo hacer andando los 20 malditos kilómetros que me quedan. La cosa se está complicando demasiado... Pero el chico sin luz, que me ve tan apurada, decide ayudarme a cambiar la cámara y, entre los dos, conseguimos hacer un apaño para poder continuar. Le digo que me ha salvado y nos presentamos. Se llama Oscar.

A partir de entonces, no puedo pensar en nada más que en llegar, llegar, llegar... Seguimos bajando pero hay que ir con mucho cuidado porque la zona está muy embarrada a causa de la lluvia que no para. Por fin llegamos a la carretera, donde hay un coche de Protección civil y una Ambulancia. Nos dicen que nos tenemos que esperar porque nos están reagrupando. Llevo solo un minuto parada y empiezo a sentir tanto frío... "¡No podemos estar quietos mucho rato, que nos congelamos!" Protesto gritando. A mi queja, se une más gente y, decido empezar a mover mi bici, dispuesta a cruzar la carretera, sin esperar su permiso. Pero no fue necesario porque, comprendiendo la situación, enseguida nos dieron vía libre para continuar.

La llegada a meta fue apoteósica. Conseguí recordar que quería tocarme el pecho... Los que me leeis y me conoceis sabeis porqué... Así lo hice. Después cerré el puño, alcé el brazo y grité lo más fuerte que pude. Se me acabó la voz. Cogí aire de nuevo y lancé un segundo e imponente grito..  Miguel, me esperaba en meta con el paraguas. Estaba empapada pero me abrazó y con su calor empecé a sollozar... Por fin, había terminado todo el sufrimiento pero la recompensa final y personal le dio sentido. Ha merecido la pena.

El infierno cántabro este año no ha podido con nosotros.




martes, 14 de mayo de 2013

XVI Terra de Remences

El despertador suena tan pronto, que me parece que todavía no han abierto las calles. Es lo que tiene que te guste esto del "sadociclismo": no descansas, sufres un montón de horas montada en lo alto de tu bici, para luego volver a casa reventad@ y seguir siendo un don nadie... Y al día siguiente, vuelta a empezar. Lo único que esta vez te toca madrugar para ir a currar y en vez de resaca, lo que te pasa es que te duelen hasta las pestañas...

Bueno, a lo que iba: Por fin, ha llegado el gran día de ponerse a prueba. A las cinco y media de la mañana, con legañas en los ojos, emprendemos la marcha hacia Sant Esteve d'En Bas, donde nos juntaremos un montón de "sadociclistas". ¡Esto promete! 

La previsión meteorológica, como suele pasar en primavera, no nos ha dejado nada claro... Por eso, el viaje transcurre con incertidumbre, mirando al cielo y deseando ver un cachito de azul esperanzador... Pero no, el cielo está encapotado, e incluso nos caen algunas gotas.

Llegamos al pueblo, una vez recogidos los dorsales que Manuel Trapero, un compañero del club, ha tenido la amabilidad de recogernos el día anterior, ya que él hacía noche en un hotel cercano al pueblo. Des de aquí, aprovecho para darle las gracias. Nos reciben un montón de voluntarios equipados con armillas amarillas que nos dirigen hacia la zona especialmente habilitada para aparcar. El arco de salida está montado y la cuidada organización nos indica que estamos ante una de las grandes citas del cicloturismo nacional. 

Se acerca la hora de la salida y no llueve pero, como más vale que sobre que no que falte, me meto el chubasquero en el bolsillo trasero del mallot. Nos dirigimos a la salida y tras el chupinazo empezamos a rodar. Los primeros kilómetros son llanos o con tendencia a bajar, lo que hace que el ritmo, al principio, sea muy rápido... Algunos adelantamientos resultan algo temerarios... Sólo se escuchan los ruidos de las ruedas de perfil, de los cambios de marchas y algunos avisos de alerta en los cambios de ritmo repentinos que provocan las rotondas... Son momentos de tensión y de máxima concentración, en los que priman los reflejos.

Pronto el primer puerto, el Coll de Capsacosta, de 2ª categoría, y con casi 9 kms, calmarían esos nervios. Empiezo a subir y mis sensaciones son inmejorables... ¡Estoy que me salgo! Tanto que voy adelantando a gente en todo el puerto y, al final, hasta se me hace corto. 

Empieza la bajada, y con ella el primer dilema (de ahí la imagen que acompaña esta crónica). Los kamikazes me adelantan sin compasión. ¡No veas cómo se plegan! "¿Quizá podría copiarles y soltar un poco el freno?" Dice mi demonio... Miro el cuenta y veo que voy a 55km/h. "¡Qué narices! ¡No soy Marc Márquez, pero estoy bajando de maravilla!" Gana el ángel y decido bajar como yo sé...

El 2º puerto, el Coll de Canes es más largo pero también más tendido. Mi ángel sigue aconsejándome que guarde fuerzas, que son muchos kilómetros y que hay que volver. Mi demonio me dice que tire lo que pueda. Esta vez, me convence el demonio. Sigo adelantando posiciones en la subida. Aunque luego las pierdo en la bajada, la media que llevo, no es normal en mi... Intento buscarle una explicación hasta que la encuentro.... Ya sé lo que me pasa: ¡Estoy poseída!

Llego al desvío de la corta y la larga en un tiempo récord. ¡He hecho 90kms en 3 horas! El ángel me dice que me pare para hacer una foto al cuenta y disfrutar del momento, ya que es la primera vez en mi vida que veo una media así, habiendo subido 2 puertos; pero no le hago caso y sigo tirando. Ya guardaré en mi retina este recuerdo... Y, si me falla algun dia la memoria, aquí lo escribo para que quede.

El tercer puerto es EL PUERTO en mayúsculas: el Coll de Bracons, de 1ª categoria. Es pequeño pero matón... ¡Menudos rampotes! Y yo subiendo con un 26... Hay gente en el borde de la carretera, aplaudiendo y animando. Y entre los gritos, distingo una chica que dice que estoy entre las 20 primeras féminas... Pero, ¿cómo? ¿Está hablando de mi? No, será de mi "otro yo poseído"... O a lo mejor es que no hemos contado bien... La cuestión es que me da un subidón impresionante y me exijo así todavía más. Arriba una señora grita: "¡Eres la 21!". ¡Ostras! Que una se equivoque contando, vale... Dos ya sería mucha casualidad, ¿no?... Aún así, sigo algo incrédula... "No te flipes y párate a comer", dice mi angelito. Ahora sí, le hago caso obediente. Me tomo mi segundo y último gel, plátano, y bebida isotónica.

Pero todo lo que sube, baja, y no me refiero esta vez a los puertos ni a nada sexual... Bajando el puerto me vino el bajón. Válgame la redundancia... No tengo hambre, no tengo sed y no entiendo nada... Lo he hecho bien y, sin embargo, el gemelo derecho me está avisando... Algo no chuta... La bajada tiene sorpresas en forma de repechitos. En uno de ellos, quiero poner el plato pequeño pero no me coje... Vuelvo a poner el grande, y siento que los dos cuadríceps me dicen que me estoy pasando... Converso con ellos y les pido perdón. Intento, de nuevo, bajar al plato pequeño y se me sale la cadena. La recoloco rápidamente. Pero voy sola y tocada y el viento tampoco ayuda... Intento engancharme a algún pequeño grupo que me adelanta.... Imposible... Momento crítico.

Llego sufriendo al avituallamiento previo al 4º puerto, el Coll de Bac, largo y tendido. Decido pararme, beber, comer y estirar... "Te estarán pasando un montón de féminas", se enfada mi demonio... Pero la prioridad ahora es reponerme y el resto queda en segundo plano. "¡Hay que volver!", me acuerdo de nuevo de mi Ángel de la guarda.

Empiezo a subir, con poca resistencia y mucha cadencia. Me engancho a una chica que pedalea casi igual. "Ya vuelvo a ser yo", pienso para mis adentros... Ese algo que antes me había poseido, también había abducido a mi pulsómetro, que no me marcaba nada... De repente, junto con el reencuentro conmigo misma, éste volvía a señalar mi frecuencia cardíaca... ¿Habré resucitado? No sé, pero la cuestión es que ya dispongo de referencias objetivas y estoy subiendo al umbral. Por fin, me he recuperado.

El quinto puerto, regulando, lo hago muy bien y se me pasa rápido. Ya sólo queda disfrutar de la última bajada y cruzar la línea de meta. He hecho 175kms. Mi cuenta marca 6:34h. He parado 12 minutos en total y, además, no ha llovido. ¡Superfeliz con el resultado y un gran día vivido!

lunes, 8 de abril de 2013

Como los de Alicante

Si bien el año 2012, empecé pisando fuerte y pensando que ese era mi año, y así lo escribí en una de mis entradas, los inicios de este año, no han sido de la misma suerte. Tanto es así, que el día uno de enero ya andaba literalmente coja. En la Cursa dels Nassos, yo que sé qué hice, pero la cuestión es que noté un tirón en el gemelo y, al terminar, me dolía al apoyar el pie en el suelo... Como se ve que eso era poca cosa, mi anemia decidió manifestarse de nuevo con más ímpetu, dejándome con ganas de nada al salir de currar. Le añadimos la gripe, de la que ya os había informado anteriormente, y para completar el “pack” de desventuras, vino lo peor: Tras una prueba médica, me dicen que tengo que hacerme una biopsia en un nódulo que tengo en el pecho. Ante tal panorama, replanteamiento total y valoración de las diversas opciones. La primera era sumergirme en un mar de lágrimas pero no resultaba una idea muy atrayente. La segunda opción, la que escogí sin dudar, era apostar por el optimismo y “palante”.

Hay quien cree que lo que piensas influye en lo que realmente te pasa. No sé si fue por eso, pero la cuestión es que todo quedó en una angustiosa espera y la confirmación de que no tenía por qué preocuparme. El mal trago, fue solo eso y, con ello un gran aprendizaje: hay que disfrutar cada segundo.

Por fin, se acabaron las malas noticias y, poco a poco, voy centrándome en mi temporada. Ahora estamos en la fase de calidad: sufriendo un poquito más, ya que hay que esforzarse. A mi modesto nivel, noto que voy progresando y cada vez tengo mi mente un poco más en mis objetivos. Esta Semana Santa, no se ha desaprovechado: dos días de calidad y uno de tirada larga, haciendo el recorrido de la Montsec-Montsec a nuestro aire, que consta de unos 5 puertos repartidos en 180kms, y con unas vistas panorámicas preciosas. Aquí os dejo prueba de ello:


Supongo que todo esto influye, pero la cuestión es que este domingo, hubo salida con el club, en plan intensivo y era el momento de ponerse a prueba. Encima, se unían a nosotros la grupeta que normalmente hace montaña, o sea que eramos una buena tropa... La "guerra" estaba asegurada.

La ruta consistìa en 150kms y subíamos el Ordal, La Talaia, Pontons y, para rematar, Creu Aragall. Yo no estaba dispuesta a que me esperaran mucho los chicos, así que decidí dar todo lo que pudiera. Por suerte, las dos primeras subidas no puntuaban en la "liga" del club... Los cuchillos todavía no volaban ya que, con buen criterio, se estaban reservando para el plato fuerte y, así, no me quedé atrás. Ahora bien, al acercarnos a la subida de Pontons, de repente, se hizo el silencio... Así que yo hice lo que me correspondía, ponerme al final del pelotón y empezar a rezar. Nada más empezar la subida, veo que se ponen de pie. Demasiado pronto para quedarme sola, así que aprieto los dientes, mantengo el plato grande y me levanto también...Y no los suelto!!!

Ya empezaba yo a pensar que eso era muy raro y que no podía ser, cuando se me ocurre bajar la mirada al cuenta y compruebo que estoy subiendo a 18km/h. ¡Caramba! ¡Creo que es la primera vez que subo así de bien! ¡A ver cuánto duro!... Pues no fueron 8 segundos, como de costumbre, sino que resistí bastante más de lo que me pensaba. Otra grata sorpresa. Finalmente, en cabeza, se decidió pegar el hachazo definitivo y yo tenía más que suficiente con mantener ese ritmo, así que pronto los perderia de vista. Pero lo importante es que terminé con buenas sensaciones, con ganas de seguir mejorando y de poderlo compartir con vosotros.

jueves, 24 de enero de 2013

Nuevo año, nuevos retos, nuevas incertidumbres

Pimero de todo: Feliz Año a todos... ¡Un poco más y os lo deseo cuando se acaba el año! Es lo que tiene estar superocupada... 

Por suerte o per desgracia, una galopante gripe me obliga a hacer un parón total. O ahora o nunca...

Actualizo el blog con los retos de este año. Algunos son repes, como la Rutas del Montseny (2º vez) o como mi 4ª participación en el Soplao... Es que soy de las cabezonas... Hubiera repetido la QH, si no se hubieran vuelto locos con los precios, ya que conseguir el oro era mi objetivo claro. Pero no es coherente subir el precio una barbaridad en tiempos de crisis y además hay muchas otras marchas con parecidos kilometrajes y desniveles, y a precios mucho más razonables. Así que este año yo tampoco voy a la QH. A cambio, me estrenaré en la Puertos de Ribagorza y la Terra de Remences. Por lo que se refiere a triatlones, me gustaria probar una distancia más larga, tal vez en la de Balaguer.

Lo que pasa es que todo esto requiere salud, tiempo y mucha paciencia... A lo que le siguen las dudas de si seré capaz...

Hace pocas semanas que empecé con la base y mirando pulsaciones. Si me fijo en la velocidad media, me sorprendo de no haber visto por el camíno una tortuga saludándome y adelantándome tranquilamente... Por eso, es también el momento perfecto de entrenar la mente y ser fuerte, aunque en realidad ahora no lo esté...

Y es que me he propuesto buscar el lado positivo de las cosas. Y si lo busco, seguro que lo encuentro.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Alpes +2000: Reto conseguido!


Cada vez que tengo que hacer la crónica de cierre de un viaje me cuesta más… Y es que supone reconocer y aceptar que este capítulo de mi vida ha terminado. Compartirlo con los demás requiere la separación y, cada vez, el apego es más fuerte…

Ya hace casi un mes que he vuelto a la rutina diaria y a la normalidad laboral y, con los tiempos que corren en este país, se puede decir que es una gran suerte!

Han sido finalmente 15 días de pedaleo, 1400kms rodados entre Croacia, Eslovenia, Italia y Suiza, y más de 30000 metros de desnivel acumulado. Hemos ascendido 24 puertos, entre ellos, 14 de más de 2000 metros. Reto conseguido!

Además, hemos sido afortunados de gozar de la compañía del dios Ra casi todos los días. El viaje ha resultado tan maravilloso por el tiempo que hemos tenido que nos ha permitido disfrutar al máximo de la ruta… Algo me dice que no se podrá repetir. Podemos volver a tierras alpinas, podemos volver a subir incluso los mismos puertos, pero no será lo mismo… Quiero guardar en el recuerdo esos bellos parajes y esta experiencia.

Lo que engancha de esta forma de viajar es, entre otras cosas, la sensación de libertad. Tu con tu bici. Tu decides. Dónde vas, cuándo te paras, cuándo sigues, cuándo comes… Solo mandas tu, siempre que la madre naturaleza te lo permita. Ésta manda por encima de todo…Pero, por desgracia, solo te das cuenta cuando te lo hace saber…

El otro día mi pareja me preguntaba qué puerto me había parecido el más duro y, al buscar mi respuesta lo comprendí todo… No era el más alto, o el más largo, o el de más desnivel… Fue, precisamente, un puerto “corto” y con poco desnivel. Aunque hay que decir que eso de corto y poco desnivel, tratándose de los Alpes Italianos, es también muy relativo... Dices tu de puertos!

Lo que pasaba es que mi amiga menstruación se había propuesto darme la murga ese día y lo consiguió, la muy jodida! Cuando llegamos al siguiente pueblo después de ese relativo “minipuerto”, no serían más tarde de las cuatro. Nos instalamos en un hotel, ni pensamientos de camping. Me sentía como si hubiera subido el Everest y bajando me hubiera pasado una apisonadora por encima. Así que me tomé mi antídoto: Ibuprofeno,  me tumbé en la cama y me dormí automáticamente. Me desperté al cabo de casi dos horas de sueño reparador. Entonces me di cuenta que todavía llevaba el culotte puesto y que, ni siquiera, me había quitado el chubasquero. Por suerte, la madre naturaleza decidió darme un poquito de tregua y me recuperé bien, así que pudimos pedalear al día siguiente, sin problemas.

Cuando haces un viaje por el mundo, este nunca es perfecto, pero eso es, precisamente, lo que lo hace perfecto. Como dice una canción de Antonio Orozco, “Perfecto es incompleto”. Y yo digo imperfecto es perfecto. Porque te enseña a aceptar las cosas como te vienen, a improvisar y a buscar soluciones sobre la marcha. Y eso es lo que enriquece tu vida.